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Nacido en el barrio de Once, Enrique Santos Discépolo fue un artista de una exquisita sensibilidad que supo interpretar el alma de Buenos Aires y su gente durante los cincuenta años de su existencia (1901-1951). Para realizar su obra, comenzó con el teatro realizando guiones solo o en colaboración con su hermano, el dramaturgo Armando Discépolo. Cuando era chico quería dedicarse a la docencia, aunque más tarde desistió de esa posibilidad y le comunicó a su hermano Armando -con quien convivió tras la muerte de sus padres, cuando apenas tenía 11 años- que no quería "ser maestro sino actor".
Sus primeras experiencias actorales fueron en la compañía de Roberto Casaux (1917) y dos años después debutó en la agrupación de su hermano como uno de los personajes en la obra "Los hijos mandan".

Pese a este debut en las tablas, Discépolo se inclinó desde un principio por escribir y dirigir guiones para teatro, a punto tal que antes de cumplir los 20 ya había concebido las obras "El señor cura" y "Páselo cabo".

Discépolo También tuvo una destacada trayectoria como actor, director y guionista de cine y teatro, con títulos relevantes como
"Cuatro corazones", "El hincha" y "Blum". A todo esto se agrega una importante actividad gremial y política que desplegó hasta el termino de su corta vida. Pero es sin duda su aporte desde la letra y la música ciudadana la que le ha valido de un reconocimiento que todavía hoy está presente.

Ya por ese entonces, la desgarbada silueta de nariz puntiaguda y mirada obnubilada empezaba a sentir devoción por un ritmo musical que para él, no era otra cosa que "una guiñada".

"El tango es un sentimiento triste que se baila", expresó para manifestar su amor por un género musical que le permitió cosechar grandes amigos como Homero Manzi, Aníbal Troilo o Celedonio Flores, entre otros grandes.
El haber crecido en un ambiente anarquista, rodeado de una biblioteca hogareña repleta de autores rusos, podría explicar el origen de sus preocupaciones sociales que se reflejan ya en esos primeros tangos como ¿Qué vachaché?, en el que avisaba que en este mundo "la moral la dan por moneditas y la verdad la tiene el de más guita". Corría el año 1926 y lo que más tarde sería el primer capítulo de "Cambalache" no cuajaba en el público pese a que lo cantó el mismísimo Carlos Gardel.

Entonces, en aquel lector de Schopenhauer y Pirandello no se vislumbraba aún el autor de tangos ni el poeta popular. Quería ser actor, pero sus tropiezos no lo dejaban asentar en las preferencias de la crítica y del público. Había debutado en una obra de su hermano a los 16 años, "El chueco Pintos", y un año más tarde se inició como autor teatral con "El duende", pero no fue en las tablas ni escribiendo para teatro como nació el mejor Discepolín. Fue en la década del 30, más precisamente, lo que se conoció como la década infame (1930-1943), cuando sus tangos constituyeron himnos contra la injusticia social, contra el afán por pertenecer a la elite conservadora -representada por militares que dominaban al país- de los sectores medios y a favor de justicia en todos los órdenes para los sectores postergados.

"Yira, yira" fue popularizado por Gardel quien le pedía casi a gritos: "Enrique, hacéme tangos menos tristes".

No fue casualidad que los tangos de Discépolo sufrieran desde entonces y a lo largo de todas las dictaduras militares -hasta el 83- la censura. Sin ir más lejos, Cambalache -"es lo mismo un chorro (ladrón) que un gran profesor"- fue prohibida mientras se electrocutaba a miles de desaparecidos.

Con el advenimiento del peronismo, Discepolín vio el renacer de una nueva era. "Lo que siempre soñamos para nuestros pobres", decía. "A Perón y Evita no los inventé yo, Mordisquito, estaban entre nosotros, entre el pueblo, y con ellos llegamos al poder", supo decirle en su histórica emisión radial "Pienso y digo lo que pienso", a su popular personaje Mordisquito, que encarnaba todos los vicios del gorila, como se llamaba al antiperonista.

Desde allí apoyaba la reelección de Perón a fines de 1950 y se ganaba enemigos entre la oposición. "Antes te quejabas porque no había leche y porque tus hijos veían la nata por turnos. Ahora te quejás porque no hay té de Ceylan. ¿Quién te entiende a vos? No tenés té de Ceilán, pero ahora tus hijos van con la vaca a la escuela y te quejás", disparaba Discépolo, justiciero y peronista.

Ya en el exilio español de 18 años, Perón lo consideró "el poeta popular más grande de nuestro país", pero antes, tras el triunfo electoral de 1951, el líder reconoció: "Gracias al voto de las mujeres y a Mordisquito ganamos las elecciones..."

En el campo del amor, tuvo una accidentada relación con la cantante Tania que funcionaba mejor en el plano profesional que en el sentimental. Las reiteradas infidelidades de ella hacían que sus amigos le reclamaran a Discepolín por ese sufrimiento que marcaba su personalidad.

Vivieron 20 años de un singular matrimonio que tuvo un paréntesis mexicano de seis meses en 1946, cuando Discépolo trabajó, sufrió y amó en el Distrito Federal. Conoció a la actriz Raquel Silvia Díaz con quien mantuvo un encendido romance .

Finalmente, Discepolín dejó de existir el 23 de diciembre de 1951, a la edad de los 50 años.

Fuente: Sergio Arboleya (Telam)


Algunos de sus más famosos y recordados tangos:




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