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Agradecimiento
a la generosidad de Enrique Manson por compartir con nosotros
su homenaje al querido Fermín Chávez, y por
brindar herramientas que nos permitan aportar a la reflexión
y construcción de pensamiento nacional.
Fermín
Chávez
Recuerdo
El 13 de julio de 1924 en El Pueblito,
caserío del departamento entrerriano de Nogoyá,
nació Benito Enrique o Benito Anacleto Chávez
Giménez (1). Ya desde la cuna, este
gaucho jordanista parecía rozar –al menos en
lo que hacia a su nombre- la clandestinidad propia del matrero.
Con el tiempo se lo conocería como Fermín, aunque
quien esto escribe nunca pudo desentrañar el origen
de este nombre que apareció cuando ya era un joven
crecido.
¿Por qué Benito y por qué Enrique? Don
Eleuterio y Doña Gregoria eran criollos creyentes,
y es posible imaginar la selección de santos de fechas
cercanas; el 11 de julio para el precursor de los monasterios
y el 15 para el emperador alemán (2).
El Pueblito es un pequeño paraje junto al arroyo Pueblito,
al frente del rió Nogoya en el que Don Eleuterio
sostuvo a su mujer y a sus cinco hijos regenteando un boliche
de campo, trabajando como peluquero algunas veces y como fabricante
de escobas de palo, otras. Benito se crió en ese ambiente
rural de costumbres criollas, en que su padre su padre los
educaba con sentencia morales, entre las que su hijo recordaba,
décadas mas tarde, la que decía Moral es
la Ley y la costumbre que debe guiar al hombre para obrar
y hacer el bien. Principios como este fueron acompañados
por las conversaciones que el peluquero dedicaba a sus hijos
y a los gurises vecinos (3) para hablarles
de la grandeza de Don Hipólito Yrigoyen, aquel caudillo
de masas a quien pocos habían visto personalmente,
y que desde el misterio había conquistado los corazones
de tantos argentinos. Doña Gregoria, a su vez, lo llevaba
en sus recorridas por el campo en las que el futuro Fermín
se fue identificando con el paisaje.
Durante su paso por la primaria se le aparecieron las primeras
diferencias entre la historia escolar y la tradición
oral. Las maestras de la Escuela Provincial Nº 14 enseñaban
una versión del pasado que estaba lejos de coincidir
con la que había conocido en su hogar y en su medio,
en la que se verenaba el recuerdo de Don Ricardo López
Jordá. El prócer entrerriano que a la escuela
idolatraba era El Libertador, Don Justo José
de Urquiza, precisamente asesinado por los bárbaros
jordanistas. Esto quedaría grabado en su memoria y
lo llevaría, ya adulto, a incursionar en las artes
del Clío.
Otra figura saliente de sus años juveniles fue sin
duda Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña y Retamar, sacerdote
de la orden de santo Domingo, historiador y misionero. Fray
Reginaldo era nogoyaense –con algún parentesco
con Doña Gregoria- (4) y le puso el
ojo al joven Benito, entreviendo un destino monacal. Terminados
sus estudios primarios, el fraile lo llevó a Córdoba
donde iniciaría sus estudios en Humanidades en el Colegio
Apostólico de la Orden. En 1940 empezó el noviciado
en el histórico Convento de Santo Domingo, cerca de
los restos de Belgrano y de los testimonios de la resistencia
de 1806 y 1807. Allí se desarrollaron sus conocimientos
en filosofía, que se completarían a partir de
1944 con la Teología y el Derecho Canónico,
en el colegio Internacional Dominicano de Cuzco. Fue en la
Capital de los Incas donde se escucho, por onda corta, una
noticia que despertaría en él una vocación
mas fuerte y que lo llevaría por caminos distintos
a lo de los claustros: la pueblada del 17 de octubre.
Ya por entonces había nacido su inclinación
por la literatura. En marzo de 1941 el diario Crisol,
de Buenos Aires, publico su poema “Paisaje del Pueblito”,
que en julio aparecería en Flor de Caramelo,
periódico de Nogoya. Sin embargo, la política
ya lo tironeaba. Sin duda cayeron en tierra abandonada las
charlas con visitantes nacionalistas del convento, pero no
pudo menos que quedar cautivo por un coronel que conoció
el 20 de junio de 1943 en la calle Victoria, hoy Hipólito
Yrigoyen, frente a la Plaza de Mayo.
Todavía profesando en los claustros, el periódico
nogoyasense El Parque dio a conocer dos artículos
suyos que ponían a la vista el nuevo camino a su vida:
El General Perón y el Derecho de gentes. En junio
de 1946, y El Cuarto Cementerio del Padre Victoria,
en agosto. En el mismo mes apareció en tacuara de Buenos
Aires A Darwin Passaponti, dedicado al martir del
17 de octubre, y en octubre recibió la dispensa que
lo reintegro a la vida civil.
Una vez en Buenos Aires se sumó a la redacción
del diario Tribuna y se incorporó tardíamente
al servicio militar. Fue con el uniforme de conscripto que
asistió, en julio, a la fiesta de la Poesía
realizada en la Federación de Entidades Gallegas en
la que oyó recitar a Pablo Neruda, Nicolás Guillén,
León Felipe y Rafael Alberti.
Durante los años siguientes se desempeñó
en el área de cultura del Poder Ejecutivo, fue colaborador
de la CGT y de varios sindicatos y continuó con su
actividad periodística, sin abandonar su actividad
literaria. En este marco, se destaca la antología de
la poesía lírica argentina que publicó
con Leonardo Castellani. En agosto de 1950 se iniciaron las
reuniones de la Peña Eva Perón en el
Hogar de la Empleada, donde se leyó su poesía
Dos Elogios y Dos Comentarios. Su presencia continua
en las reuniones de la Peña le permitieron conocer
profundamente a la mujer de la que se encargaría de
aclarar, en su libro de los ´90, Eva Perón
No Es Un Mito. Fue en esos tiempos felices cuando unión
con Antonia Simó, compañera de delicada sensibilidad
musical, y de esta unión iban a nacer sus hijos Fermín
Ricardo y Simón.
Fue la llamada Revolución Libertadora la que
forzadamente le daría el tiempo suficiente para empezar
a disipar sus dudas históricas, y la represión
del movimiento popular la que lo llevaría a vivir la
política como lucha. Su acercamiento a la investigación
no fue, por apasionado, poco riguroso. Ya de viejo, mas de
ochenta, se enorgullecía en que en su Vida de López
Jordán, no había información que
no estuviera basadas en documentos. Si el caudillo rebelde
de su Entre Ríos natal lo introdujo, continuó
con el género biográfico con un hombre que,
como él, había sido un intelectual de los que
defienden sus verdades arriesgando el pellejo: José
Hernández, y por el mismo camino de los caudillos provincianos
–hasta entonces recordados por la propia historiografía
revisionista- la Vida del Chacho completó
una enjundiosa trilogía. Al mismo tiempo, uniendo la
acción de la palabra, sumó sus esfuerzos a la
resistencia peronista. Siempre listo a la hora del combate,
aunque remiso a la de los honores, Fermín ocupó
puestos de riesgos y contó con la confianza personal
de Perón.
En los tiempos de la pulseada final del General contra
Lanusse, Fermín tuvo la idea de lanzar una revista
partidaria y se la llevó un periodista tan brillante
como contradictorio: Jacobo Timerman. El creador de Primera
Plana y Confirmando se lo propuso a su vez a Perón,
quien lo aprobó con entusiasmo. Sin embargo cuando
la revista salió a Luz, López Rega aprovechó
su rol de lacayo privilegiado –y administrador de la
salud del líder- para quedar al frente del proyecto.
No fue raro, entonces, que fueran excluidos Tiemerman y Chávez
(5).
Fue también la ojeriza del astrólogo enojado
por alguna crítica de Fermín, la que lo excluyó
del vuelo Charter del primer retorno peroniano. No ocurriría
lo mismo con el segundo y definitivo en el que formó
dúo con Juan José Hernández Arregui.
Una vez en Madrid, el historiador y el autor de La Formación
de la Conciencia Nacional se encontraron con que el General
estaba mal de salud y no recibía a nadie de manera
que decidieron que no era buena idea hacer una cola de besamanos
de incierto resultado. Aprovechando que tenían vehículo
y chofer viajaron a Toledo en plan turista, si que intelectual,
llenándose los ojos y el alma con arte e historia.
Fue frente a la sinagoga toledana cuando ocurrió lo
inesperado. El pensador marxista, de frío racionalismo
le pregunto al ex – seminarista: “Vas a entrar?”,
y ante la respuesta afirmativa, Hernández Arregui se
quedo en la puerta.
Fermín contaba del viaje de regreso, cuando el Tío
Cámpora, presidente entonces de la Republica, propuso
un brindis con champagne, a lo que Perón respondió,
“Mejor, tomemos Strega”, que era el licor
que Fermín solía tomar cuando nos lo contaba,
en las tardes del café Gardel (6)
. Chávez decía que tenia buena orientación
en el aire. Fue así que noto que el avión cambiaba
inesperadamente su rumbo. Al aterrizar supo que estaban en
Morón, aunque tardo mas en enterarse de los luctuosos
acontecimientos que habían obligado a Vicente Solano
Lima, presidente en ejercicio, a ordenar el cambio de destino.
Vivió, como todos, los agitados días de la tercera
presidencia, y era asesor del ministerio del Interior cuando
tuvo a su cargo la redacción del comunicado oficial
del deceso de Perón. También transito los duros
tiempos del gobierno de Isabel, y vivió el golpe de
1976 que daría inicio a la etapa mas cruel de nuestra
vida como pueblo. Fue en esos años, cuando algunos
académicos tradicionales o sus herederos intelectuales
se entrevistaban con el dictador Videla o trabajaban en el
diario del hampón Massera, cuando retomo las costumbres
clandestinas y comenzó la publicación de un
periódico de salida incierta, irregular distribución
y nombre elocuente: Pueblo entero. En el acompañaban
al director muchos de los grandes de la cultura peronistas,
aquellos que serian recordados en su obra de 2003, Alpargatas
y Libros.
Al recomenzar la actividad política, se acerco a la
agrupación que postulaba la precandidatura de su amigo
y compañero de militancia Antonio Cafiero, y se puso
al frente de la publicación del sector, la revista
Movimiento que, aunque se trataba de una revista
enrolada en las internas partidarias, presento en su primer
numero una tapa titulada Todos Unidos Triunfaremos,
en la que aparecían las fotografías de todas
las figuras del peronismo de esos años.
En los 80, luego de la sorpresa de la primera derrota del
peronismo en elecciones, Fermín se volcó a la
producción intelectual. Sin embargo, no estuvo ajeno
a los hechos políticos y acompaño a José
María Rosa en el apoyo a la aprobación del acuerdo
por el Canal Beagle (en lo que muchos opinamos, entonces,
de otra manera). En 1986 fue uno de los principales animadores
en el homenaje por los 80 años de su “paisano”,
el gaucho Pepe de la parroquia Catedral al Norte”, a
quien le dedico unos versos que firmaba “El gaucho Fermín
de la parroquia de la Concepción”.
La década siguiente empezó con la derrota en
una nueva interna y la candidatura y la victoria electoral
del candidato llegado de las faldas andinas. Una vez mas,
Fermín se encolumno disciplinadamente y celebro la
victoria electoral. Pero no duraron mucho sus esperanzas y
al poco tiempo tomo distancia de un gobierno que seguía
un rumbo que entendia contrario al peronismo de toda la vida.
Se había quedado, al decir de muchos, en el 45. Por
eso rechazo amablemente los ofrecimientos de ocupar cargos
en el ministerio de Educación. A la decepcion política
se sumaria el profundo dolor por la enfermedad y muerte de
Tona. El largo padecimiento de su compañera hizo mella
en su espiritu, y quienes lo frecuentábamos lo veiamos
sufrir, pese a que su carácter lo llevaba a guardarse
sin quejas el dolor.
En 1993, nos llamo para emprender una tarea que era una condecoración
tal vez inmerecida para nosotros: continuar la Historia
Argentina de Pepe Rosa, que se había muerto dos
años antes y la había dejado en el principios
del primer gobierno peronista. Con Jorge Sule y Juan Carlos
Cantón, nos pusimos a la labor de continuar al maestro,
conducidos por otro maestro. Fueron momentos laboriosos y
felices. Fermín se había vuelto a casar con
la poeta Aurora Venturini y había recuperado el entusiasmo,
aunque seguía enojado con las cosas que pasaban en
la política.
A la Historia, cuatro tomos que llegaban hasta la caída
de Isabel Perón, siguieron otras. Cuando festejábamos,
en 2004, sus ochenta años, le preguntaron como hacia
para mantenerse joven y saludable. Su respuesta – “trabajando”
– estaba dada por los títulos casi cotidianos
que salían de su pluma: La Vuelta de Don Juan Manuel;
Eva Perón no es un mito; de Matreros y Matreras; El
Che, Perón y León Felipe; Diez hijos de Evita
y hasta su insólito Pueri Peronisti, versión
en latín de la clásica “marchita”,
que destapaba ese sentido del humor, oculto muchas veces por
su pudor de gaucho y que había inspirado La Chispa
de Perón.
En lo intelectual, ya no era solo un historiador. Civilización
y Barbarie en la Cultura Argentina, Historicismo e Iluminismo
en la Historia Argentina, la Reconstrucción de la Conciencia
Nacional, Pero esto tiene otra llave, lo ubican entre
los grandes de la interpretación de nuestra cultura
y nuestra identidad. El gaucho y el poeta vuelven a verse
en su obra de 1999, Otra Vuelta con Martín Fierro,
y en su monumental Historia y Antología de
la Poesía Gauchesca de 2004, que incluye estudios
de Guillermo Ara, Jose Gabriel, Ángel Núñez
y Aurora Venturini y del que me dedicara un ejemplar con un
modesto(¿) “Este pequeño volumen con algunos
versos en estilo gaucho”, en la primera de sus 727 paginas.
A lo largo de su vida recibió varios premios, menos
sin duda de los que merecía, entre los que mencionaremos
Consagración Nacional en 1990, la Orden
Pampa en 1974, el Jauretche entregado por los
jóvenes docentes del Instituto del mismo nombre de
Merlo, y el que recordaba con cierta ironía, Mayores
ilustres, otorgado por la Cámara de Diputados
de la Nación en 2003. Fue designado ciudadano ilustre
en su nativa Nogoya y en la Buenos Aires en que dejo la vida.
Fue profesor de varias universidades nacionales, entre ellas
de la de Buenos Aires y la de Lomas de Zamora. También
en los últimos años nos permitió compartir
la redacción de los tomos finales de la Historia Argentina,
que así llego hasta la crisis del 2001, y su Diccionario
y Reseña Históricos.
Nos habíamos acostumbrado a almorzar con el en un modesto
restaurante de su barrio, donde un cantinero oriental –
mas que uruguayo – Don Hector, nos deleitaba con sus
gigantes pollos entrerrianos y sus pastas caseras, aunque
el comía cada vez menos. La trágica muerte de
Fermín Ricardo fue un golpe insoportable, aunque repitiera
que lo fortaleciera su fe religiosa y callara su dolor con
su temperamento de gaucho que no muestra sus penas en publico.
Y nos dejo. El había titulado uno de los capítulos
de la Historia, el correspondiente a Julio de 1974
Los huérfanos de Perón. Hoy nosotros nos sentimos
los huérfanos de Fermín Chávez.
Enrique Manson
Julio 2006 |